Las redes de calor y frío constituyen una herramienta fundamental para llevar a cabo una política basada en la  eficiencia  estableciendo  sinergias  entre  una  producción  energética  centralizada  y  un  aprovechamiento  de recursos energéticos locales como fuentes de energías renovables o calores residuales (MITMA). Sin embargo y a pesar de sus innegables ventajas, la penetración de las redes de calor y frío en España todavía es aún pequeña, solamente el 0,15% (es decir, muy por debajo del  2%  recogido  en  el  artículo  24.10(a)  de  la  Directiva  2018/2001  relativa  al  fomento  del  uso  de  energía procedente de fuentes renovables). 

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